Contribución:
Juan
Quispe B.
Ana
Bendita Q.
Medileth
Quispe Torres
06 nov 2015
La ventaja comparativa
En
esta oportunidad nos enfocamos en uno de los temas económicos que más explica
el crecimiento del comercio internacional, la Ventaja Comparativa. Para los
inicios de esta teoría básica nos remontamos a Adam Smith y su Investigación
sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, donde habla de la
lógica del comercio, tanto entre personas como entre países.
Esta
lógica se basa en la conveniencia de especializarse en la producción de lo que
un país puede producir más económicamente y comerciar con otros países
produciendo lo que ellos hacen mejor, para el beneficio de los dos, la clásica
división del trabajo, dependiendo de las diferencias de capital, trabajadores y
recursos, naturales y otros. Posteriormente, David Ricardo extendió esta teoría
de la división del trabajo a la ventaja comparativa.
Simplemente,
la ventaja comparativa dice que un país debe especializarse en las actividades
donde más ventaja tiene, que no quiere decir especializarse en todo lo que hace
mejor que otros. Esta teoría es la base fundamental que explica el impulso del
comercio internacional.
Ventaja Comparativa
La
ventaja comparativa, a diferencia de la ventaja competitiva, se encuentra entre
los términos más antiguos dentro de los estudios económicos. La importancia de
tener claro lo que distingue a cada uno de estos términos se hace patente
cuando, por ejemplo, la "competitividad" se usa de manera
generalizada por los gobiernos para justificar en gran medida sus políticas
económicas sin reflejar a veces lo que el término en sí conlleva.
En
principio, para definir lo que es la teoría de la "ventaja
comparativa", recurriremos al autor de la misma, el economista británico
David Ricardo, quien postula que si un país no posee ventaja absoluta sobre ningún bien o
producto, a ese país le conviene especializarse en la producción de dichos
productos en los que tenga menos desventajas. En base a esto, el comercio
exterior y los precios dentro del mercado internacional de un producto se fijan
de acuerdo a los costes del trabajo dentro de las fronteras de cada país.
Básicamente
se puede decir que un país posee una ventaja comparativa cuando los costes de
producir un bien, comparándolos con los de otros bienes producidos por el mismo
país, son menores; hablamos de los costes de inversión y por supuesto de mano
de obra.
Michael
E. Porter en su obra "Ventaja competitiva. Creación y sostenimiento de un
desempeño superior" nos define la "ventaja competitiva" como la
utilidad que una empresa es capaz de generar para sus clientes. Esto se traduce
en precios más bajos de producción obteniendo beneficios similares a los de las
empresas competidoras. Esta "utilidad se define como la cantidad que los
clientes están dispuestos a pagar por los productos de una empresa, es decir,
el "valor", siempre según Porter. Si este "valor" es
superior a los costes de producción, se dice que el producto es competitivo. Es
decir, cuanto mayor capacidad tenga una empresa de transformar en beneficios
los costes de inversión y la mano de obra, es decir, los insumos, la empresa
será más competitiva.
En
nuestros tiempos se habla de que un país debería dejar de competir sobre
ventajas comparativas y competir sobre ventajas competitivas que surjan de
productos únicos. Se busca que haya un grado más alto de competitividad en base
a la especialización de la mano de obra y de los procesos de producción que se
basen en las nuevas tecnologías para aumentar la eficiencia de los mismos. De
esta manera se deja de depender de la mano de obra barata en exceso y se
potencia la optimización de recursos, generando productos de mayor calidad e
igualmente competitivos dentro de los mercados internacionales e incentivando a
su vez el desarrollo de innovaciones tecnológicas.
A
pesar de ello, los economistas aseguran que estos dos términos no son
independientes de ninguna manera y que están ligados el uno con el otro, ya que
en realidad la ventaja competitiva se construye sobre la ventaja comparativa y
los factores que la determinan, y a veces los costos de producción son tan
elevados que no es viable realizar proyectos que puedan obtener a la vez una
ventaja competitiva sobre la producción de dichos productos en otro país.
La ventaja comparativa en
nuestras vidas
No
obstante, la ventaja comparativa la vemos en acción en nuestras vidas todos los
días. Utilizamos el ejemplo de un abogado y un jardinero. Si el primero es
mejor abogado y el segundo mejor jardinero, cada uno se especializa en lo que
hace mejor y comercian entre ellos y los dos ganan, la clásica división del
trabajo elaborada por Adam Smith.
La
teoría de la ventaja comparativa va un paso más. Si suponemos que el abogado no
sólo es mejor abogado pero también es mejor jardinero que el que ejerce como
jardinero, sin embargo contrata al jardinero para cuidar a su jardín. La razón
por contratar a un jardinero menos bueno es que la ventaja comparativa del
abogado es el de ser abogado.
Cada
hora que trabaja como abogado le renta más que lo que le cuesta contratar al
jardinero durante esa hora y, aunque este no sea tan bueno en el jardín, es más
rentable para el abogado su contratación que hacer de jardinero el mismo. Es
decir, incluso cuando el abogado es mejor que el jardinero en los dos, en el
derecho y en el jardín, le conviene al abogado contratar al jardinero y
concentrarse en su trabajo como abogado donde su ventaja comparativa le renta
mucho más. Por otra parte, aunque el jardinero no es tan bueno como el abogado
en el jardín, sigue teniendo trabajo porque el abogado se concentra en su
trabajo como abogado, la ventaja comparativa en acción en nuestra vida diaria.
Vemos
el mismo efecto con los padres y sus hijos. Puede que los padres sean mejores
en la cría de sus hijos pero, sin embargo, contratan a una cuidadora para
permitirles ir al trabajo. Gran parte de esta decisión se basa en el hecho de
que rinden más trabajando como para cubrir los gastos de la cuidadora de sus
hijos, aunque sean mejores en los dos, en el trabajo y en criar a sus hijos.
Esto es la ventaja comparativa en acción en nuestra vida diaria, aunque seas
mejor en las dos cosas, te concentras en la que mejor te rinde.
La
ventaja comparativa en el comercio internacional
En
el comercio internacional se ve este mismo efecto. Por su situación relativa en
sueldos, costes, recursos naturales y tecnología, etc., países se especializan
en lo que mejor producen siguiendo las reglas de la ventaja comparativa y
comercian con otros países que se enfocan en lo que ellos mejor hacen, para el
beneficio de los dos.
Posteriormente,
se avanzó la teoría con el modelo Heckscher–Ohlin donde se enfocó en la ventaja
que tienen los países por tener fuerte posición en alguno de los factores de
producción; materias primas, fuerza laboral o capital. Ejemplos del modelo
Heckscher–Ohlin en acción son la ventaja de Oriente Medio en petróleo y de
China en fuerza laboral relativamente barata.
No
obstante, hay que recordar que la ventaja comparativa no crea comercio
internacional automáticamente. Por ejemplo, se produce aceite de oliva en todos
los países del mediterráneo sin embargo, cuando viajas por el mundo ves mucha
aceite de oliva italiana en venta y muy poca española.
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